Siempre me pregunté, qué pasaría si me detuviera… ¿moriría?
Nunca le tuve terror a la muerte, aunque siendo sincera no me quería morir, así que nunca me permití parar.
Con los años se volvió tan natural el correr, que cuando me empezaba a cansar y a flaquear, me aterraba.
Todos esos años lo había logrado, había sobrevivido. No podía parar. No quería morir. 

Un día, leyendo, vi la palabra «sobrevivir». La busqué en el diccionario de la RAE, decía así:

Seguir existiendo después de la muerte de alguien, de la desaparición de algo o de una circunstancia que puede causar la muerte

Y de repente me sentí perdida, ¿quién había muerto? ¿qué había perdido? Así que me fui a la base. La palabra. 

«Sobre — vivir» 

Mi perspectiva: «Superficie — Vida»

Estaba nadando en la superficie. 

Permitiéndome respirar tanto que me quedaba sin aire, sin vida.
A veces aceptaba hundirme un poquito, pero era incómodo.
Un completo desconocido.
Y aun así me llamaba, me hacía sentir observada, escuchada, aceptada.
Más perdida estaba. Más me olvidaba de respirar. Me empecé a hundir…
Y cada segundo que pasaba era lento y pacífico, al compás de mis latidos,
el agua se volvía tibia, abrazadora, y la oscuridad se desvanecía con claridad.
Silencio demasiado revelador, por fin escuchaba mi corazón.
Iba fundiéndome más en esa profundidad. 

Mis ojos deslumbrados de belleza; la mente, libre y tranquila.
Me sentía bien, no había necesidad de respirar, pero de profundizar,
la sombra del fondo ya no me daba miedo, me cantaba e invitaba a conocerla
Su voz era la de un ángel, y mientras más descendía, más liviana me sentía, aunque agotada también. 

Cuando llegué apenas sí podía mantener un ojo abierto; cuando me dijo…

Despierta, mar. 

Y más pérdida quedé.
Yo no era Mar. ¿Quién era Mar?
Acaso sólo él o ella podía estar ahí, acaso yo solo flotaba… y ella podía ir al fondo del… mar? 

¿Por qué me dijiste Mar?
Nadé con todas mis fuerzas, necesitaba que me contestara.
Llegué con ella, y le dije:

Creo que me confundiste, ¿quién es Mar?
Me contestó— VOLTEA.

Y me vi reflejada, ahí en esa preciosa agua cristalina, llena de colores, luces y sombras. 

Y lo entendí.
Ese mar, era yo.

Esa profundidad era mía.
Esa oscuridad llena de luz de luna era mía.
Esa agua, ese reflejo, esa verdad, eran mías.
Ese mundo era mío. Mi mundo. Mi mar.
Respirar siempre ha sido mi decisión, y conocerme también. 

[…]

Este pensamiento fue el que me llevó a preguntarme, como puedo jugar y crear con sentido. 

De ahí nació la primera colección de NUCA.

Sin Prisa

Crear piezas que sean un recordatorio para detenerse a respirar y observar.
Piezas que te recuerden que la prisa no es mala, pero el avanzar sin presencia, no lleva a la consciencia.
Piezas que te recuerden que cada suspiro, pensamiento, y paso que das deja marca. 

El tener la capacidad de ser los artistas de nuestro propio camino,
marcando, pintando, soñando, hablando, fluyendo… todos esos son nuestros dones.

Robe Lucy Boo
Una bata que susurra libertad, libertad de ser esa niña sin miedo ni temor de que apaguen su luz. 

Robe Ella
Sencilla, una tela ligera, hecha para cuidarte, no para taparte, hecha para esa mujer que se siente y se ve. 

Robe Cinderella
Detalles y olanes, esta bata está creada para recordarte que ese momento que tanto anhelas, es el ahora. 

Anillo Prisa
Una línea libre, un trazo que cuenta movimiento.
La prisa y el correr te permiten sentir, la calma y la quietud, te permite escuchar y observar.
Encuentra tú balance entre el silencio y el impulso. Recordatorio de que en este vasto mundo, eres un pequeño punto que con libertad y amor creas líneas, palabras e historias. 

Anillo Printed 

Una huella, esos somos, eso fuimos y esos seremos.
Pequeño, sencillo y permanente.
Y cómo esas marcas que dejamos al caminar, imperfectas, reales y nuestras. 

[…]

Y entonces lo entendí, la meta no era vivir
«Sin Prisa»,
pero atreverme a habitar la profundidad sin miedo.
Ese mar soy yo, también eres tú.
Quería que cada pieza nos recordará ese mar.

Ese reflejo, esa profundidad, ese gran espacio que cada uno somos.
La prisa no es mala,
y cuando le permites ser marcada por el compás del corazón, todo cambia. 

Empiezas a respirar, a entender que eres la pintora y la pintura, el escultor y la escultura, el espejo y tu reflejo. 

Empiezas a entender que tu mundo eres tú, y tú eres la creadora.
Vestir una bata, portar un anillo, no es cubrirse ni adornarse… es reconocerse
Es hacer tangible el deseo y la consciencia por medio de la presencia.
Llevar en la piel la certeza de que tu mar existe, y que cada vez que lo eliges, te eliges. 

Quizás el mundo siga corriendo. Está bien.
Pero aquí en este instante, tú decides recordar que somos mareas, no relojes.
Sin prisa es un susurro, pero también es una declaración.
Y te recuerda que eres infinita en tu simpleza, poderosa en tu ligereza, y eterna en tu presencia.

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